SPORT AND ART


FORZUDOS INDEPENDIENTES

http://cubanitoweb.wordpress.com/2008/11/19/forzudos-independientes/

Fisiculturista durante un certamen en La Habana

Fisiculturista durante un certamen en La Habana

Un gimnasio no gubernamental preocupa a la policía política. Además de entrenar, sus socios hablan de pacifismo y derechos humanos.

Tiene el porte de un peleador de Kick Boxing. Es fornido y a ratos le asalta un tic nervioso. Le falta la mitad de una oreja y cierra y abre los puños como si estuviera dispuesto a descuartizar a sus contrarios. La oreja la perdió una noche en que lo asaltaron unos “desconocidos” en un lugar apartado y oscuro de la ciudad. Sin embargo, cuando habla, su hilo de voz lo delata un tipo tranquilo y con toda la paz del mundo.

Se llama Gabriel Díaz Sánchez, y como no lo dejaron continuar en sus labores de entrenador de Full Contact, se convirtió a la oposición pacífica.

Su casa del reparto La Unión, en la periferia de Bayamo, es de un hormigueo incesante.

“Hice un gimnasio por cuenta propia, quería ponerme fuerte y poner robustos a los muchachos del barrio, quería pelear con la policía; pero empecé a leer a Gandhi, a Martin Luther King, y la vida se me volvió un revolico. Aprendí que hay algo más útil que la fuerza bruta”, dice mientras asiste a un adolescente que intenta levantar unas pesas que tiene sobre los pectorales.

Los gimnasios instalados en las salas de entrenamientos cobran un peso diario por la utilización de los “hierros” y diez pesos mensuales a los afiliados al fisiculturismo. Hay provincias que sólo tienen unos cinco gimnasios, y por todo el país pululan centros de entrenamiento en los patios de las casas. Algunos cobran la entrada, pero en la mayoría de ellos reina la improvisación y la camaradería criolla. A la tanda diaria de fuerza se le llama “mechar” (de quemar la mecha, debe ser) y a los forzudos de barrio, “mechadores”.

Los prospectos y folletos que han sido publicados recomiendan acercarse a un especialista para hacer dichos ejercicios de fuerza, una alimentación adecuada y otras normas; aunque la improvisación campea en estos lugares.

‘Contra el miedo no se puede’

El gimnasio de Gabriel, en Bayamo, provincia de Granma, es famoso en toda la ciudad. Es el único que tiene el apellido de “independiente”. La Seguridad del Estado llegó un día del año 2004 y cargó con las palanquetas, los hierros, las pesas. Se llevaron las barras fijas y paralelas. Dice que aquello parecía un potrero, pero enseguida los muchachos vinieron, como hormigas laboriosas, y, de hora en hora, otra vez fueron llenando el patio de los instrumentos necesarios.

Señala Gabriel que al principio sólo hacían ejercicios, hablaban de las muchachas y de lo mucho que querían parecerse a Jean Claude Van Damme o Rambo, e imitar a los Mr. Universo. Después se empeñó en enseñarles sobre pacifismo, y lo bueno de los ejercicios para el cuerpo.

“Empecé, dice, por asesorarme sobre los riesgos del sida. Luego les hablé de las otras enfermedades de transmisión sexual, y ahora semanalmente se da una charla sobre las drogas, las leyes del tránsito o sobre el comportamiento general en la sociedad”.

“Muchos padres se han opuesto a que sus hijos adolescentes asistan al gimnasio, no obstante, en cuanto ven los resultados en casa, los dejan venir y ni por aquí parecen”, afirma.

En 2004, intentaron hacer el Primer Encuentro Deportivo Independiente de Cuba, y hasta ahí llegó la cosa. La policía política se encargó de mantenerlo durante catorce días en Instrucción Penal, el campo deportivo se llenó de marabú y después la gente sin casa hizo un “llega y pon” para vivir.

Asevera que hay padres que tienen miedo, y por eso muchos jóvenes y adolescentes prefieren recorrer varios kilómetros hasta el gimnasio más próximo, pero nadie puede mandar en la voluntad del otro. Contra ese tipo de miedo no se puede.

“Los muchachos vienen y se llevan una revista española de fisiculturismo, llevan una videocinta de los Yankees de Nueva York o el último estreno de películas de comando. Ya una vez me ‘levantaron’ la biblioteca independiente con más de cuatrocientos ejemplares. Yo, por lo menos, no puedo contra esa degeneración humana. Yo sólo no puedo”, declara pesimista.

‘¿Qué daño pueden hacer?’

En medio del trajín que hay en el pequeño patio, es Yoandris Avilés quien acepta conversar, en medio de un descanso en una sesión de mancuernas, para aumentar el volumen de sus bíceps.

“La situación se complicó cuando fundamos el Movimiento Jóvenes de Bayamo. Ya no era sólo la cuestión atlética y deportiva. Nos implicamos de lleno en la defensa de los Derechos Humanos, en hacer reuniones pacíficas e integrarnos como organización a la Alianza Democrática Oriental para atender a los familiares de los presos políticos”, agrega.

“No desvirtuamos a los jóvenes. De todos modos, éste es su barrio, aquí se sienten más a gusto que yendo a la ciudad, a hacer una cola enorme junto a otros que no conocen para hacer sus ejercicios”, explica Avilés, que funge como vicepresidente del mencionado movimiento juvenil opositor.

Por su característica han sido reprimidos de manera especial. “Son jóvenes fornidos a los que no se les puede dar un simple empujón en medio de un trifulca policial”, dice Alberto, un vecino que los admira, y añade: “gracias a ellos me leí la Declaración Universal de los Derechos Humanos por primera vez, y he conocido lo que pasa en Cuba y que no se publica por ningún lado”. Y concluye: “qué daño pueden hacer, si incluso la semana pasada dieron para todos una charla sobre la educación sexual a los adolescentes del gimnasio”.

Gabriel Díaz Sánchez se ha tomado en serio su labor de entrenador y “facilitador” para que los jóvenes de su entorno crezcan sanos por dentro y por fuera. “Ahora queremos hacer un dojo (salón de entrenamiento de artes marciales), pero sólo para niños hasta diez años. Vamos a ver si nos dejan, a ver quién se cansa primero, porque ahora ese no es solamente mi sueño”, concluye


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